Brooksfield competed en la 1993-94 Whitbread Round the World Race
Estábamos concentrados en buscar la solución al problema: salvar el barco y salvar nuestras vidas
“Están a salvo, están vivos”, ese fue el titular que Carlo Marincovivh escribió en el periodico italiano La Repubblica y que fue ratificado por su colega Vincenzo Zaccagnino en el Corriere della Sera: “Perdidos entre icebergs y entre monstruosas olas oceánicas”
Continuando con nuestra serie de historias cara a la Volvo Ocean Race Legends Regatta el próximo año, Carla Anselmi nos lleva de vuelta al 5 de diciembre de 1993; la prensa italiana está ansiosa por publicar una noticia sobre el participante transalpino Brooksfield y su tripulación, cuando se encuentran en una situación límite mientras toman parte en la segunda etapa de la Whitbread Round the World Race, de Uruguay a Australia.
El casco color verde de 60 pies de eslora se encuentra a 2.000 millas de Fremantle y 400 de las inhabitables islas Kerguelen –un remoto e inhóspito archipiélago en el que apenas viven unos cuantos investigadores y que se caracteriza por sus frías y dantescas condiciones- cuando la radio baliza de emergencia (EPIRB - Emergency Position Indicating Radio Beacon) comienza a emitir su alarmante señal.
Son las 8.18 am. La tripulación achica agua tras haber perdido su timón, dejando un agujero en su casco de kevlar, y sus sistemas de comunicaciones no funcionan. El viento sopla de una manera en la que sólo sabe hacerlo en esas latitudes y el estado de la mar es arbolado. El cuartel general de la regata, que acababa de lanzar una operación de rescate, es incapaz de -pese a los esfuerzos- contactar con la tripulación.
Stefano Vegliani, quien en aquellos días era un joven reportero de la cadena de television italiana TV Mediaset lo recuerda: “Tan pronto como la noticia llegó a la mesa de mi editor, recibí una desesperada llamada y se me pidió que comenzara a buscar detalles para hacer un reportaje en el telediario de máxima audiencia. No fue una tarea sencilla; la información era escasa y era difícil mantener las emociones y la ansiedad al mínimo”.
Tras 12 frenéticas horas fue el maxi francés La Poste quien pudo hacer contacto visual y de voz con el italiano. Se quedó a su lado ante la posibilidad de que el Brooksfield se hundiera, mientras esperaban a que dos barcos de la Marina Americana llegaran para escoltarlo a puerto.
Los dos patrones, Daniel Mallé en La Poste y Guido Maisto del Brooksfield, no eran capaces de acercar sus barcos debido al arbolado mar que, a su antojo, dominaba ese área. La comunicación se estableció entre los dos vía VHF y su colega italiano Matteo Plazzi a bordo de su rival en la regata Winston, escuchaba atento sus conversaciones por radio, para ser el primero en transmitir a Europa los dramáticos sucesos.
Había 11 hombres a bordo, un grupo de jóvenes italianos como Pietro D’Alì, Stefano Rizzi y Andrea Proto, además de tres experimentados regatistas extranjeros como eran el navegante francés Hervé Jan, el sueco Richard Brisius y el holandés Peter Tans.
El timonel y carácter fuerte en el equipo, y en esta historia que recordamos, es Mauro Pelaschier, probablemente el regatista italiano con mayor renombre (deportista olímpico, ganador de múltiples títulos nacionales e internacionales y patrón del más que famoso Azzurra en la America’s Cup de 1983 y 1986).
Mauro provenía de un pequeño pueblo cercano a Trieste y de una familia con una gran relación con el mar; su padre también fue un gran deportista y tanto su padre como su abuelo eran constructores de barcos.
La memoria de todo aquello sigue estando muy presenta:“No estuve de acuerdo con la decisión de activar la radio baliza tan pronto”, recuerda Pelaschier. “No nos estábamos hundiendo, y no nos encontrábamos en un peligro inmediato, desde un punto de vista marinero. Teníamos que reaccionar y recuerdo como exactamente cada uno, y pese no haberse dado la orden directamente, se puso a trabaja, a ayudar. Estábamos realmente concentrados en buscar la solución a un problema: salvar el barco y salvar nuestras vidas”.
Esta era la segunda vez que el diseño de Bouvet y Petit había sufrido los embates consecuencia de serios daños en su timón. El primero, y de menor importancia que el segundo, ocurrió en el Canal de la Macha poco después de que comenzara la regata, pero ahora las cosas eran diferentes aunque el área afectada fuera la misma; el agua anegaba el barco.
La tripulación luchaba desesperadamente por parar aquello y mostrando un punto de creatividad, llegaron a usar un cubo, una colchoneta y una larga y resistente cinta.
Mientras que “sus chicos” buscaban la manera de matener al Brooksfield a flote, en el otro lado del planeta, en su oficia de Milán, el director de equipo Corrado di Majo (un exitoso regatista que contaba con el honor de haber sido el regatista más joven en hacer una travesía atlántica en solitario (1976) y que contaba con dos Whitbread), intentaba negociar la situación e informar a la prensa de lo que sucedía, con ayuda de su jefe de prensa Paolo Martinoni.
“Los teléfonos no dejaban de sonar. Los periodistas querían más información, los amigos y familias estaban muy preocupadas, pero no podíamos comunicarnos con nuestros chicos porque ninguno de los aparatos electrónicos funcionaban; el área en el que estaban instalados estaba completamente anegado por litros y litros de agua salda”, recuerda el italiano.
“Tuvimos la suerte de que los barcos estuvieran equipados con un sistema automático de seguimiento y podíamos ver como el Brooksfield continuaba navegando, aunque realmente muy despacio. Además a bordo había una pala de timón especialmente diseñada para recambio de la rota”.
”Lo peor duró cerca de 24 horas. Es verdad que sufrimos problemas estructurales, pero la clase Whitbread 60 se estrenaba en esa edición y todos carecíamos de experiencia en esa clase determinada de barcos”.
Durante las siguientes horas, y todavía en mitad de aquella inmensa baja presión sobre ellos, con vientos que sobrepasaban sin miedo los 60 nudos y olas inmensas, la tripulación pudo llevar a cabo una reparación temporal de emergencia. “Pensé en mi abuelo y en la manera en la que los barcos estaban construidos”, dice Pelaschier, “y, con un trozo de cabo y silicona para sellar intentamos calafatear el agujero que había quedado tras perder el timón”.
Dos días le llevó al 60 pies italiano volver a un modo regata standard y 10 días alcanzar tierra, con la tripulación haciendo turnos para achicar y mantener bajo control el agua que continuaba entrando.
Cuando el Brooksfield llegó a Australia, Pelaschier abandonó el equipo. “Estaba triste y desilusionado porque consideraba la vuelta al mundo como uno de los grandes pináculos que podía conseguir en mi carrera como regatista”, confesaba.
Brooksfield finalizó la regata en una sexta posición, pero Pelaschier nunca retomó de nuevo la competición oceánica. La mayor parte de la tripulación continuó y algunos de ellos, más tarde, alcanzaron brillantes resultados habiendo aprendido la gran lección de como sobrevivir al océano.
Si conoces alguna historia de la pasada Whitbread o Volvo Ocean Races nos gustaría oirla. Envía tu historia a lizzie.ward@volvooceanrace.com
WHITBREAD 1993-94
GANADORES EN LA DIVISIÓN MAXI Y PATRONES
New Zealand Endeavour, Grant Dalton
Merit Cup, Pierre Fehlman
La Poste, Daniel Mallé/Eric Tabarly
GANADORES EN LA DIVISIÓN WOR60 Y PATRONES
Yamaha, Ross Field
Intrum Justitia, Lawrie Smith
Galicia ’93 Pescanova, Javier de la Gándara
MILLAS RECORRIDAS: 31.975
ETAPAS:
Southampton-Punta del Este
Punta del Este-Fremantle
Fremantle-Auckland
Auckland to Punta del Este
Punta del Este-Fort Lauderdale
Fort Lauderdale- Southampton
NOMBRE: Brooksfield
PAÍS: Italia
PATRÓN: Guido Maisto
DISENHADORES: Olivier Petit/Luc Bouvet (Francia)
CLASE: Whitbread 60
CONSTRUCTOR: Tencara (Venecia/Italia)
CONSTRUCCIÓN:Kevlar/foam sandwich
FECHA DE BOTADURA: Octubre, 1992
SPONSORS: Mistral, Gatorade
Brooksfield/Kospictures.com