Team News Corp
Y en ese momento el tío que tienes a la derecha te grita:sube cinco, sube cinco, BAJA 10, BAJA 10, !DIOS MIO!, SUBE CINCO
Gordon Maguire describe un encuentro demasiado cercano a un trozo de hielo en el océano Sur. Es febrero de 2002 y se encuentra a bordo del News Corp entre Auckland y Río de Janeiro.
Estamos en la guardia de la noche. Nuestra última media hora, anochece y la última noche ha sido complicada, hay niebla y tan sólo 400 yardas de visibilidad. Miras tu reloj y te dices: 20 minutos para acabar; ya no puedo más, soplan 35 nudos y hacemos 25 de velocidad. Acabas colgado de la rueda, no has perdido millas y no te la has pegado; todo parece estar bajo control. Es tan sólo otro día más de oficina.
El navegante saca la cabeza por el tambucho y nos espeta sin piedad “iceberg en la proa”, contestas “a cuanto”, responde: “una milla”. Una milla cuando vas a 25 nudos es algo en lo que no quieres pensar; estas a tres minutos y lo tienes encima.
Tu corazón comienza a ir a mil y todo se eleva a unos niveles de estrés que no necesitas. Estas en el final de tu guardia y ahora esto. El sudor comienza a caer por tu cuello, tus pies se convierten en hielo, tu cara esta colorada de los golpes de agua salada y después de todo esto te sacuden con un “iceberg en la proa; una milla”.
Cuando vas al timón en esas condiciones tienes lo que llamamos un rango de 10 grados. Puedes subir cinco grados o bajar otros cinco; salirte de eso es pegártela de orzada o arribada. Estas muy limitado con lo que puedes hacer; necesitas reaccionar de manera instantánea. Eso hicimos, subimos cinco grados y nuestro navegante desapareció de nuevo hacia la pantalla de radar.
‘Segundo iceberg a babor y en proa”
‘’¿Estas bromeando o que?,¿es el mismo iceberg?
‘ Diablos, no lo se’.
Volvió a bajar. El reloj continúa en cuenta atrás, con menos de un minuto para llegar al escenario, y todavía no estás seguro de si esos dos puntos en el radar son uno o dos icebergs. ¿Hay paso entre los dos?, ¿como es de grande ese paso?
Sólo tienes una visibilidad de 400 yardas a tu proa, llegas al escenario y te encuentras que son definitivamente dos icebergs, pero entre los dos hay hielo, mucho hielo derritiéndose del tamaño de un autobús. El mar está cubierto por hielo, es como si alguien hubiera llenado todo de trozos de hielo a tu paso.
Tienes a un tío encima de tu hombro diciéndote “sube”, “baja” y tu estás conduciendo a velocidad endiablada sorteando paquetes de hielo, grandes y pequeños, que discurren por la banda y desaparecen por popa. En ese momento se te viene a la cabeza que, en algún momento, alguien en el colegio te hablaba de la cantidad de hielo que se medio esconde bajo la superficie, pero ni lo puedes recordar, ni quieres. ¿Por que querrías recordar que el 80 por ciento se encuentra bajo el agua y tan sólo puedes ver la punta que asoma?.
Miras de nuevo tu reloj, cinco minutos para que acabe tu guardia y te dices: “No puedo más. No necesito esto en mi vida”. Y en ese momento el tío que tienes a la derecha te grita: “sube cinco, sube cinco, BAJA 10, BAJA 10, DIOS MIO, SUBE CINCO”, a lo que le respondes: “mira déjate aparte los comentarios; decir Dios Mio no ayuda a nadie en este momento”.
”Bajas a 25 nudos de velocidad, el barco navega endiablado cuesta abajo y piensas que si golpeas algo mayor de un metro comprometerías el casco y te irías abajo”.
De pronto miras a la otra banda y no hay más rastro de hielo. Lo único que ves es un círculo de 500 metros alrededor tuyo. Llovizna, pero en ese momento –el sol ya se ha ido- ves que son menos cinco y la siguiente guardia va a subir ya a cubierta.
Bajas y te quitas los guantes; tus pies están congelados, tus manos también y te acurrucas en tu coy pensando que no estás ahí y que no necesitas pasar por esa situación otra vez...es demasiado para ti.
Ray Davies