Atención: los poderes de seducción de Río pueden dejarle con un desagradable estado de saudade (una melancolía indescriptible) al partir, o al menos eso dice la guía de Lonely Planet.
Pida a cualquier grupo de gente que nombre sus destinos de ensueño, y Río de Janeiro seguro que está presente para la mayoría. Tiene de todo. Carnavales exóticos, hermosas mujeres en la playa infinita de Copacabana, música latina vibrante, sol, montañas selváticas que llevan a estrechas calas y largos trechos de playa que bordean un azulísimo mar.
Es, de hecho, el verdadero paraíso en la tierra y nada le puede poner en antecedentes delo que son las vistas de la figura del Cristo Redentor con sus brazos extendidos, dispuesto bien alto, sobre la ciudad. Es un lugar donde se mezcla perfectamente una arquitectura hecha por el hombre con un diseño creado por la propia naturaleza, y el resultado es un lugar harmonioso desde cualquier punto desde el que se mire.
Es una ciudad moderna y cosmopolita de más de 10 millones de personas, pero siempre ha jugado un papel fundamental en la cultura brasileña y en su historia. En un momento dado, fue la capital de la más importante colonia portuguesa en el extranjero.
También fue sede de la monarquía portuguesa cuando la corte huyó con la amenaza de la invasión napoleónica de la península Ibérica. Durante un periodo de 500 años, Río de Janeiro se desarrolló a partir de una colonia subdesarrollada hasta la sede de la Vice Regencia, capital del Reino de Portugal, Brasil y el Algarve, y capital de la República Federativa de Brasil.
Mucha evidencia de esta evolución se puede vislumbrar a través de la arquitectura de los edificios públicos en la zona centro de la ciudad, conservados en excelentes condiciones. También se pueden advertir las influencias afrancesadas así como un destacado ejemplo del movimiento barroco portugués en el Monasterio de Sao Bento.
Y para ver Río, el mejor lugar, cuando el tiempo acompaña, es desde lo alto de la mundialmente famosa montaña del Pan de Azúcar. Ofrece una vista panorámica de la Bahía de Guanabara y de la ciudad, y es el único lugar desde el que se puede ver la playa de Copacabana entera. Para la mejor de las vistas, suba los cuatro minutos de teleférico por la tarde.
Es imposible ignorar los 96km de playa cuando se habla de Río, son parte integral de la vida de la ciudad. Copacabana, la más famosa de todas ellas, es el lugar perfecto para ver a la gente pasar.
Para los residentes de Río, es su lugar de recreo, su gimnasio, su lugar de encuentro y lugar donde comer y beber. La etiqueta exigida es fácil – simplemente simple. Un bañador, una camisa o pareo para encima, sandalias, crema solar, una toalla y el mínimo efectivo, ya está listo.
Desde el momento en el que el sol aparece por detrás del Cristo Redentor, ya hay gente en las playas jugando al voleibol, dándose un masaje, o simplemente paseando con sus perros.
En el paseo que abarca la misma longitud que la playa, ciclistas, corredores, y gente en motocicletas y patines circulan serpenteando, todos ellos echando alguna mirada al mar y a la arena y a las cimas del Pan de Azúcar, cerro tan espectacular que no importa las veces que lo vea, en pie salvaguardando la Bahía de Guanabara y las arenas doradas de Copacabana, siempre quita el aliento.
La playa es el lugar donde los lugareños, los cariocas, pasan su tiempo libre. Río tiene su buena parte de jardines y plazas, hay incluso hasta caminos de senderismo hacia la selva de Tijuca y paseos agradables de camino a lo alto de la calle de Panheiras, en las laderas del Corcovado, donde los monos que charlotean en lo alto de los árboles o los gritos bromistas de los bañistas al tirarse a las aguas heladas que tambalean la montaña, rompen la paz existente. La verdadera diversión, sin embargo, está en la playa.
Cuenta la leyenda que el amor de los cariocas por la playa viene desde tiempos del emperador Joao VI, quien supuestamente fue mordido por una garrapata y cuando visitó al médico, le dijo que sumergirse en las aguas del Atlántico ayudaría en su recuperación. El emperador siguió las órdenes del doctor y desde entonces, las playas están abarrotadas.
Los cariocas no viven en la playa, pero sí trabajan allí. Abogados que se llevan sus maletines con papeles y leen sus investigaciones legales, profesores que pasan sus vacaciones de verano corrigiendo ejercicios con un coco helado en una mano y un bolígrafo rojo en la otra. ¿Por qué se irían a otra parte, cuando allí, en la playa bajo el sol, están rodeados de todas las cosas buenas de la vida?
Elija el mayor sitio y ya está listo para todo el día. Vendedores ambulantes ofrecen langostinos o queso frito aderezado con hierbas aromáticas, otros les siguen las huellas ofreciendo helados, cremas solares y bikinis – suyo por una ganga si lo compra a uno de los comerciantes itinerantes que vaga por la arena.
Música y gastronomía van de la mano, y cuando sale a comer en Río, no hay nada comparable a sus famosas barbacoas, o su churrasco, tradicionalmente del sur de Brasil, y una verdadera aventura para la cena.
Todo tipo de corte de carne imaginable se cocina y se sirve en pinchos y, acompañados de un exótico buffet de ensaladas y frutas, no pararán de acercarse a su mesa hasta que finalmente se dé por vencido, volviendo la carta de su sitio de verde a rojo, indicando que ya no puede comer ni un pedazo más.
Comience todo esto con una famosa caipiriña, una mezcla intoxicante de un licor típico hecho de caña de azúcar, la local aguardiente, trozos pequeños de lima machacada, azúcar y hielo, y estará listo para bailar samba durante toda la noche. Cualquier excusa es buena para ir de fiesta en Río, y cualquier cosa es razón suficiente para bailar.
Una visita a Río de Janeiro no podría darse por completa sin coger el tren que lleva hasta lo alto de la estatua del Cristo Redentor. Unas modernas ruedas de engranaje suizas hacen que un tren ascienda la montaña prácticamente hasta su cumbre, y una vez allí, se llega a la estatua de un mosaico de saponita (también conocida como piedra de jabón) en el más fino estilo modernista, a través de lo que parece un vuelo sobre empinados escalones.
Una vista que podría ser incluso mejor, es la que se obtiene desde una avioneta por la noche, circunscritos a la pequeña terminal doméstica del centro de la ciudad. Pasando muy cerca y al mismo nivel, la estatua está iluminada con focos y parece que flote en el cielo.
A este paraíso es al que la Volvo Ocean Race vuelve por tercer año consecutivo. Una vez más, a la maravillosa María de Gloria, que se asienta en la pequeña y curvada ensenada con forma de herradura, justo en el interior de la entrada a la Bahía de Guanabara, y donde los barcos y tripulaciones descansarán después de la extenuante etapa desde China.
LAS 10 MEJORES COSAS PARA HACER EN RÍO
1 – Las obvias Cuando estén en Río, hay cuatro lugares que no se pueden perder: Copacabana e Ipanema por sus playas, y el Cristo Redentor y el Pan de Azúcar (Pão de Açúcar) por sus vistas. Copacabana e Ipanema en la Zonal Sul (zona Sur), son de fácil acceso a través de grandes avenidas (Atlântica para Copacabana y Vieira Souto para Ipanema). Para llegar al Pão de Açúcar y al Cristo, la mejor opción son los “Bondinhos” (teleféricos). La estación de teleférico hasta el Pão de Açúcar está en Urca (Avenida Pasteur, 520). Al Cristo se puede llegar en coche, pero el viaje en tren desde Cosme Velho (Rua Cosme Velho, 513), a los pies del Corcovado y hasta los pies del Cristo vale la pena.
2 – Conocer a las gentes locales En los alrededores de los Arcos de Lapa, abunda la vida nocturna con casas tradicionales de samba que se agolpan junto a locales de rock and roll, o restaurantes selectos vecinos de bares populares. En un espacio de solo unas manzanas, puede encontrar el Clube dos Democráticos (Rua do Riachuelo, 91) y el Centro Cultural Carioca (Rua do Teatro, 37) para samba y baile, o el Teatro Odisséia (Av. Mem de Sá, 66) y el Circo Voador (Rua dos Arcos, S/N) para espectáculos musicales de rock and roll. Beba un congelado chopp (cerveza de barril) en la calle, en la Taberna do Juca (Av. Mem de Sá, 65) o en Nova Capela (Av. Mem de Sá, 96), donde el cordero con brécol es famoso.
3 – La playa que nadie conoce Copacabana e Ipanema son las famosas, pero los locales creen que Prainha es la playa más bonita de la ciudad. A unos 50 minutos en coche de la Zona Sul, Prainha es una pequeña franja entre las montañas y la selva. Es un conocido lugar para el surf y la arena no está tan concurrida como la de Copacabana o la de Ipanema. Un poco más lejos, en la misma calle, encontrará Grumari, una playa virgen donde los tenderetes de comida ni siquiera tienen luces eléctricas. Puede comer en uno de los restaurantes a pie de calle, como Point do Grumari (Estrada do Grumari, 2710 - + 21 2410 1434) – donde debería pedir una Caldeirada de marisco.
4 – La ciudad desde el cielo ¿Qué hay de sobrevolar Río? Si tiene el valor, puede sobrevolar la ciudad en ala delta, saltando desde Pedra Bonita, en la selva tropical de Tijuca, y volar sobre São Conrado. Durante los 15 a 45 minutos de vuelo (dependiendo de las condiciones del viento), podrá ver los lugares más conocidos de Río como el Pão de Açúcar, el Corcovado o toda la línea de costa. Contacto: Rio Hang Gliding (www.riohanggliding.com/) o Rio Turismo Radical (www.rioturismoradical.com.br/).
5 – La ciudad desde el agua Si sobrevolar la ciudad es demasiado, puede ir de paseo por las aguas del Lagoa Rodrigo de Freitas. El lago siempre ha sido el centro de deportes náuticos de la ciudad. Durante los juegos Pan-Am del año pasado, fue sede de la competición de remo, canoa y esquí acuático. Si quiere, puede practicar esquí acuático en el lago (Rio Wake Center – www.riowakecenter.com.br or +21 2239 6976) y ver desde dentro por qué el lago es considerado el lugar más bonito de la ciudad – y para aquellos que no estén muy por la labor del esquí náutico, siempre están los barquitos de pedales… Después de tanta acción, una buena opción es relajarse en uno de los bares de los alrededores del lago, como la Palaphita (Av. Epitácio Pessoa s/n, quiosque 20 - + 21 2227 0837).
6 – Algunas compras Para saborear el Viejo Río, la Feira do Rio Antigo se da lugar todos los primeros sábados de cada mes, en la calle Rua do Lavradio. Encontrará antigüedades y arte en medio de la calle. Los restaurantes tienen mesas en las aceras y es una gran oportunidad para tomarse una caipirinha en medio de la calle, contemplando la arquitectura. Algunas casas se han conservado desde la época del Viejo Río. Si quiere gastarse el dinero en algo menos alternativo, vaya a Ipanema y a la plaza de la moda. Entre las calles Aníbal de Mendonça y Joana Angélica, y las avenidas Vieira Souto y Epitácio Pessoa, encontrará los centros comerciales.
7 – Subir la montaña ¿Quiere subir montañas? ¿Qué le parece Santa Teresa y sus calles empedradas? Vaya al Largo da Carioca y coja el Bondinho de Santa Teresa (el tranvía a Santa Teresa). Se sorprenderá al ver el tranvía amarillo subir las pronunciadas y estrechas calles de la cuesta. Por la tarde, pasee por las callejuelas empedradas y pare a tomarse un refresco en unas de las casas antiguas transformadas en bares esparcidos por toda la zona. Y en el Bar do Mineiro (R. Paschoal Carlos Magno, 99 - + 21 2221 9227), no se olvide de pedir el Caldinho de Feijão (caldo de la Feijoada). Otra buena opción es Aprazivel (Rua Aprazivel, 62 - + 21 2507 7334 – www.aprazivel.com.br), un bonito restaurante, con una gran vista y buena comida.
8 – Meterse en la selva Si la playa no es lo suyo, también puede ir a la Floresta da Tijuca (se accede desde la Praça Afonso Viseu - + 21 2492-2253 / + 21 2492-5407), se trata de la selva urbana más grande del mundo. Las rutas de senderismo, cascadas y lugares de picnic son infinitos. Si tiene tiempo, alargue la ruta hasta la Vista China, mirador oriental de 380m de alto dentro del Paque Nacional de Tijuca (se accede a través del Jardín Botánico y la calle Vista Chinesa). Ambos son una alternativa a la tradicional visita del Jardín Botánico (Rua Jardim Botânico, 1.008 - + 21 3874 1808 – www.jbrj.gov.br). El Jardín Botánico se creó por el príncipe Dom Joao VI en 1808 y está considerado como un museo vivo.
9 – Animales e historia ¿Le gustan los animales? Entonces no debe perderse la Quinta da Boa Vista. Este lugar fue la residencia de la Familia Real portuguesa durante su estancia en Brasil, y el proyecto paisajista original aún se mantiene intacto. El Zoo de Río de Janeiro (Quinta da Boa Vista, s/nº - + 21 3878 4200 - www.rio.rj.gov.br/riozoo) también se encuentra en estos jardines, con más de 2.100 animales, incluyendo especies nativas brasileñas en peligro de extinción como el Mico Leão Dourado (Mono Tamarino llamado León Dorado) y la Tamanduá Bandeira (Oso Hormiguero gigante).
10 – ¿Carne o pescado? ¿Prefiere comer carne o pescado? Para la carne, vaya a Porcão (www.porcao.com.br). Barbacoa brasileña de primera clase, podrá degustar, prácticamente, todo tipo de carne que se pueda imaginar, desde la tradicional Picanha brasileña, un corte considerado la mejor parte del buey novillo, hasta filete de Jacaré (caimán). Si prefiere marisco, puede probar el pequeño Shirley (Rua Gustavo Sampaio ,610 - + 21 2275 1398) en Leme, si quiere paella o la popular La Plancha (Av. Ayrton Senna, 1791 - + 21 3325 3383) en Barra, donde es conocida la fuente de marisco. Finalmente, para una cena tardía (como hacemos en España), vaya a Cervantes (Barata Ribeiro, 7), en Copacabana, que está abierto hasta las 4 de la mañana, y pida un sándwich de carne de cerdo y piña.